Las mujeres periodistas en Ecuador enfrentan acoso, sexismo y descalificaciones

Investigaciones periodísticas

Acoso sexual, hostigamiento laboral e incluso agresiones físicas. Pasa en Quito, en Guayaquil pero también pasa en el interior de las provincias donde estos casos de violencia de género contra mujeres periodistas quedan aún más invisibilizados.

07.03.2022

«Espérate un ratito que estoy viendo a esta potra». 

Mariana*, redactora de noticias de un medio impreso de Guayaquil, no podía creer estar escuchando que el editor general se refiera a ella de esa manera. Ese día, Mariana —que en aquel momento tenía 22 años— estaba vestida con una falda corta, calzando unas botas altas y era la única mujer coordinadora de sección en esa redacción. “Cuando se terminó la reunión de la mañana en la que estaban todos los editores, salimos de la sala de reuniones y él me miró y le dijo a otra persona con la que estaba hablando esa frase, no sin antes hacer otras referencias a vaqueros y cosas en ese estilo, con un clarísimo trasfondo sexual”. Pero como si eso no fuera suficiente, el hombre siguió. “Esta es la vaquera que yo necesito, para que me monten duro».

En ese instante, la joven, que tenía pocos años en el periodismo, se sintió culpable  y avergonzada por haberse vestido de esa manera. “Ya quería que se termine el día, salir corriendo de allí, irme a cambiar de ropa”, cuenta hoy, más de 10 años después de esa incómoda situación que hoy reconoce como un caso de acoso sexual en el ámbito laboral. 

Aunque aún se reprocha no haber reaccionado en ese momento, está consciente de que las acciones de esa persona —de quien luego se enteró por medio de otras colegas  que ofrecía dinero a cambio de sexo a varias de sus compañeras que estaban atravesando por alguna necesidad— no fueron su responsabilidad ni fueron causadas por ella. Lamentablemente, lo que le pasó a Mariana es uno de decenas, centenas y quizá miles de casos de sexismo, machismo, acoso y abuso sexual a los que las mujeres periodistas estamos expuestas, ya sea de parte de colegas, jefes directos e indirectos e incluso fuentes a las que acudimos como parte de nuestro trabajo. Ocurrieron antes y siguen ocurriendo en la actualidad. 

Todos los años, miles de mujeres se congregan en todo el mundo en las marchas por el 8M. | Foto: Fundación Periodistas Sin Cadenas

Más allá de la conmemoración de esta fecha —el Día Internacional de la Mujer— la discusión sobre casos de acosos y abusos  laborales y sexuales como lo que le pasó a Mariana son temas que no suelen apagarse del todo. Hashtags que se vuelven tendencia en las redes sociales como #YoTambiénLoViví y #MiPrimerAcoso permanecen para recordarnos que nunca dejamos de hablar de esta problemática de la que las mujeres son víctimas y, por supuesto, también las mujeres periodistas. 

Hace pocas semanas se viralizó un fragmento del programa “Esto es fútbol”, transmitido por la señal de Caravana TV, lo que revivió el debate. En el espacio, donde se analizan jugadas de partidos recientes, Mario Canessa, dueño de la cadena, le dijo a la presentadora de televisión Nadia Manosalvas: “¿Qué hace usted para estar tan buena?”.  La joven, rodeada por otros periodistas deportivos como Carlos Victor Morales, Diego Arcos y Alfonso Harb, lanzó una risa nerviosa y una frase que parecía intentar desviar el comentario inicial, diciendo “…tan buena gente”, pero Canessa reiteró lo dicho ante las risas de los otros hombres que lo acompañaban en el set. La Fundación Periodistas Sin Cadenas emitió una alerta sobre el acoso sexual a las periodistas y presentadoras en Ecuador. 

Cecilia Vera, semióloga de la carrera de Comunicación de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, analizó la escena y explicó que Manosalvas intentaba “reubicar” el acoso, poniendo el discurso de Canessa en otro contexto, para atenuar la situación. “No solo quiere transformar el comentario en una broma, sino darle otro sentido. Resignificar lo que dijo y sacarlo del sentido sexual”, dice la especialista. 

Vera añade que esto reafirma la poca conciencia respecto de la cultura machista en la que vivimos, en la que algunos creen que ciertas cosas —como situaciones de acoso en vivo en un programa de televisión— no son tan malas o tan graves. 

De acuerdo con el documento Análisis de la violencia de género, emitido por la Fiscalía General del Estado en el 2020, cuando hablamos de abuso sexual, nos referimos a los tocamientos sin consentimiento, mostrar genitales o besar a la fuerza. En tanto, cuando hablamos de acoso sexual, nos referimos al contacto físico no deseado, comentarios verbales o pedir favores sexuales.

Las mujeres periodistas desempeñan una labor fundamental dentro de las redacciones. | Foto: Fundación Periodistas Sin Cadenas

Existen realmente pocos datos específicos sobre acoso y abuso sexual a mujeres o personas que se autoidentifican con el género femenino en el ejercicio periodístico ecuatoriano. Muchas de estas cifras son poco precisas porque no dan mayores detalles en cuanto a la labor de las comunicadoras. Sin embargo, a través de ellas es posible ver un panorama general de la situación y notar que el acoso, el sexismo, las descalificaciones y la discriminación son agresiones que existen, estuvieron presentes en el pasado y se mantienen hoy. 

El poder y el uso que el machismo hace de él 

Ariana*, una experiodista que trabajaba en una popular radio deportiva de Guayaquil hace al menos diez años, dice que las constantes situaciones de machismo, sexismo y acoso eran cosa común en esa empresa. Así es como recuerda ella sus épocas laborales en ese lugar, cuando recién comenzaba en la carrera. Explica que aunque nunca tuvo que enfrentarse personalmente a ninguna de estas situaciones, veía lo que ocurría a su alrededor, con sus amigas y compañeras. 

“Yo trabajaba con una chica de unos 19 años y en ese tiempo empezó a circular un video íntimo entre los teléfonos celulares de todos mis compañeros, todos se lo compartían y reían”. Ariana cuenta también que el entonces director de ese medio de comunicación se aprovechó del bajo nivel socioeconómico de la joven para recibir favores sexuales. “Esto era algo que todos sabían en la empresa y por eso todos la miraban mal, nadie la apreciaba. En lugar de juzgarlo a él, la juzgaban a ella”, cuenta ahora. 

En 2020, el capítulo ecuatoriano de la organización Chicas Poderosas elaboró la investigación Así hacemos periodismo. Condiciones laborales de mujeres en medios de comunicación en Ecuador y los datos recogidos evidencian que el 25% de las mujeres respondieron que han sufrido acoso laboral por un colega hombre en una posición superior. “Entre algunas experiencias compartidas de acoso están tocamientos indeseados, comentarios sobre su aspecto, presentarse fuera de sus casas sin ser invitades, solicitudes de favores sexuales a cambio de promociones, entre otros”, dice el estudio. 

Cada 8 de marzo las mujeres marchamos también en repudio al femicidio. | Foto: Fundación Periodistas Sin Cadenas

La escritora y académica feminista Cristina Burneo dice que el acoso sexual laboral representa una amenaza al ejercicio del periodismo que hacen las mujeres en Ecuador.  “Este tipo de acoso se suele ejercer de arriba para abajo, es decir, dentro de una relación de poder donde el acosador condiciona el ejercicio profesional de la persona acosada al cumplimiento de sus deseos. Si yo te pido un favor sexual a cambio de tiempo al aire, por ejemplo, y tú no aceptas, puede ser que yo, desde mi posición de poder, te lo deje pasar, pero que en dos meses ya no tengas ningún tiempo al aire”, explica. 

Añade que este tipo de acoso laboral no es solo lascivia, sino un despliegue de poder que se expresa a través de lo sexual y que esto puede disuadir a una mujer de trabajar en un medio. “Quizás te toque elegir entre no tener ingresos, no desarrollar tu carrera, y resignarte a una situación de acoso sexual que te produce repulsión, por ejemplo. Los hombres en posiciones de poder te están diciendo que tu pertenencia plena a ese medio está condicionada a sus apetitos sexuales”, dice Burneo. 

Mujeres apoderadas de espacios históricamente acaparados por hombres

Marissa* es una periodista deportiva con 20 años de trayectoria en varios medios locales. Para ella, hacerse un espacio en un ambiente en el que predominaban los hombres se convirtió en un reto, pero también la ha llevado a enfrentarse con el sexismo. 

Cuenta que en el 2001 fue a una cobertura de la selección ecuatoriana sub 20 de fútbol y tuvo que hacerle una pregunta incómoda, respecto del tema que estaba cubriendo, a un preparador físico extranjero. El hombre, en lugar de responder o excusarse, reaccionó diciéndole que «las mujeres deben estar en la cocina…». Marissa se quedó en silencio. “Horas después me llamó el jefe de prensa de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) a ofrecer sus disculpas y a decir que el entrenador también quería conversar conmigo para disculparse”, relata. 

Durante años se ha tenido la concepción equivocada de que ciertas áreas de la comunicación como el periodismo político, judicial o deportivo son espacios reservados «para los hombres» y las reglas están determinadas en torno a esa especie de acuerdo tácito. Burneo explica que esto es otra dimensión del pacto patriarcal —complicidad masculina en temas de abuso— y se llama división sexual del conocimiento. “Las reglas que mencionas están diseñadas para establecer jerarquías según sexo y género. Si soy una mujer, joven y guapa, seguro no tengo mucho que decir según esa división sexual, ¿verdad? Si la desmontamos, vemos que es muy antigua y se perpetúa sobre estereotipos gastados como que las mujeres son emocionales y no van a poder con una cobertura sobre crímenes de cuello blanco, no tienen los criterios, por ejemplo. (…) Hay áreas del conocimiento más masculinizadas que otras”, explica. 

Las mujeres periodistas pueden vivir diferentes tipos de acoso y abuso al interior de los medios de comunicación.
| Foto: Fundación Periodistas Sin Cadenas

Pero con el periodismo deportivo pasa algo particular: está ligado a la explotación de la imagen de la mujer, mediante representaciones sexistas y violentas. Es lo que opina Natalia Sierra, docente de la carrera de Sociología de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). “En nuestra cultura prima la dominación masculina mercantil, entonces si hay una mujer en un programa de televisión, todo el producto se hace más ‘vendible’. La presencia de la mujer no tendría que estar sometida a esos criterios. ¿Por qué no puede salir en un programa deportivo una mujer de 50 años sin maquillaje? Entonces las presentadoras no están ahí por lo que saben, sino por el estereotipo incorporado en la mirada de dominación masculina”, explica la docente. 

Sierra dice que tradicionalmente el deporte, practicarlo o reportar sobre él, ha sido un ámbito masculino y ahora aparecen las mujeres para reclamar su lugar. “Una mujer que no esté dentro del estereotipo y que sepa mucho, está lista para disputar ese espacio.  A la mujer ‘bonita’ la atacan ahí mismo, dentro del mismo estereotipo y valiéndose del sexismo”, concluye. 

Las mujeres se enfrentan a espacios laborales masculinizados. Los roles y estereotipos de género están presentes en los procesos de selección, en su relación con colegas, fuentes y directivos de medios, y espacios asociativos —liderados usualmente por hombres. Este es otro dato dentro de la investigación de Chicas Poderosas, que también habla sobre el porcentaje de cargos con respecto a género y concluye que hay más presencia de personas que se autoidentifican con el género masculino que femenino en áreas cruciales de los procesos periodísticos como la edición, la producción audiovisual, el diseño y la redacción.

Periodistas de ciudades pequeñas también sufren acoso

Aunque la mirada, las cifras y estudios suelen estar enfocados en las ciudades principales como Quito y Guayaquil, al interior del país también ocurren casos, en ocasiones muy graves, que quedan invisibilizados. 

La Fundación Periodistas Sin Cadenas encuestó a 29 mujeres periodistas sobre la situación y las proyecciones del oficio en las provincias de Santo Domingo, Loja, Chimborazo y Esmeraldas, que incluyó preguntas sobre las violencias que han sufrido. De ellas, 10 comunicadoras (34.48%) aseguraron haber sido víctima de acoso laboral; 4 (13.79%) fueron víctimas alguna vez de acoso sexual; y una de ellas (3.45%) fue víctima de una agresión física.

En otra categoría dentro del mismo análisis, se indica que el 24.14% de las encuestadas fue discriminada por su condición de género. En estos casos, los principales agresores siempre fueron los jefes o directivos de los medios, seguidos de las fuentes o autoridades públicas, así como también colegas.

Raquel* es periodista desde hace muchos años en la provincia de Chimborazo y cuenta que lo que más ha experimentado son situaciones tensas e incómodas con una de sus fuentes, que le habla con una confianza poco apropiada, excesiva, demasiado cercana, en un tono que suena más a una especie de coqueteo que a una conversación profesional. 

En su caso, se ha visto obligada a tomar medidas para evitar enfrentarse a estas circunstancias: ir a las coberturas acompañada por un hombre. “Este señor una vez, al despedirse, me besó la mano, siempre me está preguntando que cuándo regresó a visitarlo, que cuándo le voy a aceptar un café. Una mañana tenía que hacerle una entrevista y él me había estado esperando con un desayuno especial. Al ver que llegué con mi acompañante pude notar que estaba perturbado e improvisó un puesto más para que él también se siente a la mesa”, dice la joven. 

En la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas, Gabriela* vivió una experiencia traumática. “La peor experiencia fue hace unos años, con un entrenador de boxeo. En un evento, yo estaba tomando fotos. Tengo un piercing en mi oreja izquierda y este hombre solo se acercó y me mordió. Cuando le preguntaron por qué lo hizo dijo que porque le dio la gana. Un boxeador profesional me mordió de la nada. Si hizo eso con tanta gente alrededor, no me puedo imaginar lo que habría hecho si estábamos a solas”, cuenta en el informe de la Fundación Periodistas Sin Cadenas sobre esta provincia.

Pero esa no fue la única vez en la que tuvo que enfrentarse a situaciones incómodas. “Una vez un jugador se desnudó frente a mí. Yo estaba conversando con otra persona y de repente miro y no tenía ropa puesta. En otra ocasión, un preparador de arqueros me pidió una mascarilla, me revisé los bolsillos del pantalón y le dije que no tenía. Entonces él me mete la mano en el bolsillo trasero del pantalón como para reconfirmar y me dice: es cierto, no tienes”. 

De acuerdo con la encuesta Así hacemos periodismo, muy pocas veces estos casos son denunciados ya que no existen políticas claras en los medios de comunicación sobre cómo proceder en situaciones de esta naturaleza . “En la empresa me dijeron que no podían hacer nada. Yo me sentí sin apoyo, me sentí en la nada. El deportista con el que pasó el incidente de la mordida dijo luego que si yo hacía algo en su contra me iba a mandar a violar, así de sencillo”, relata Gabriela. 

El derecho de las mujeres y personas gestantes a decidir suele ser otra de las consignas muy presente durante la fecha.
| Foto: Fundación Periodistas Sin Cadenas

Thalíe Ponce, directora editorial de Indómita, medio digital con enfoque de género, considera que deben haber canales claros mediante los cuales sea posible levantar la voz e interponer una queja por casos de acoso y abuso al interior de los medios. Además, dice, es importante que las empresas de comunicación reconozcan las violencias que denuncian sus empleados, que tengan intenciones de cambio y quieran crear protocolos en conjunto con todas las áreas de un medio de comunicación. 

Ponce considera que aunque existan mecanismos y protocolos es importante que sean espacios seguros, que provean soluciones concretas para que las acusaciones reciban una sanción al interior de la empresa. Argumenta que, aunque es lo ideal, la denuncia en la Fiscalía no debería ser la única manera de obtener justicia, por lo difícil que es enfrentarse a procesos legales en Ecuador.

“Cuando se abren investigaciones, esos procesos tardan mucho y son desgastantes, en algunos casos también son costosos. Con protocolos bien establecidos se podría alcanzar algún tipo de justicia, castigos administrativos o penalidades dentro del medio. Estos canales de denuncia deberían contar con un comité, mediadores o asesoría externa que resuelva estos casos y que no sean las mismas personas al interior del medio, donde pueden haber afectos o cercanías involucradas”, explica. 

Otros datos que evidencian los acosos

Además de las estadísticas levantadas por la Fundación Periodistas Sin Cadenas y por la organización Chicas Poderosas, el Consejo de Comunicación (Cordicom) registra que entre el 23 de julio del 2021 y el 11 de febrero del 2022 ocurrieron tres agresiones contra mujeres periodistas que pueden considerarse, de acuerdo a la institución, casos de violencia basada en  género. Otros tipos de atentados recogidos dentro de las mismas fechas son agresiones físicas, amenazas, ciberacoso, estigmatización, entre otros. 

La publicación Análisis de la violencia de género, de la Fiscalía General del Estado, tiene un apartado que hace referencia a los ámbitos en los que ocurre. Aquí se indica que la violencia en lugares de trabajo ocupa el 20%. Otros ámbitos como la vida de pareja y las interacciones sociales se llevan el 43% y 33% respectivamente. Dentro del espacio laboral, la violencia sexual ocupa un 17%, el porcentaje más alto frente a otras agresiones como violencia psicológica o violencia física. 

En cifras más actualizadas entregadas por el departamento de estadística, la Fiscalía informa que en 2021 se registraron 335 casos de acoso y 5 de abuso sexual, frete a 23 de acoso y 3 de abuso sexual en lo que va del 2022. Sin embargo, no se detalla en qué ámbitos se han dado estas situaciones de violencia ni el porcentaje de esta data relacionado con lo laboral. 

El Ministerio de Trabajo, dentro de los datos abiertos colgados en su página web, en la categoría «denuncias del servicio público» menciona que hay 259 casos de acoso laboral entre agosto del 2020 y enero del 2022. Al igual que las cifras más recientes entregadas por la Fiscalía, no tienen especificación por género ni por segmento, es decir, no se puede determinar si se habla o no de mujeres periodistas. Hay cifras, es cierto, pero muchas de ellas son poco precisas e impiden llegar a conclusiones contundentes respecto de esta problemática. 

La violencia basada en género contra las mujeres periodistas afecta el ejercicio de su profesión y lamentablemente,  los medios de comunicación no son ámbitos ajenos a estas formas de violencia. Así publica la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en el informe Mujeres periodistas y libertad de expresión: discriminación y violencia basada en el género contra las mujeres periodistas por el ejercicio de su profesión, presentado en el 2018. 

El texto menciona la importancia de integrar una perspectiva de género en la protección de periodistas. “Esto implica asegurar que todo el proceso y sus etapas, la evaluación del riesgo, hasta la adopción de medidas de protección especiales, esté orientado a atender las necesidades particulares y riesgos específicos de las mujeres periodistas y que observe los principios de atención preferencial, interseccionalidad, transparencia y participación”. 

Esa perspectiva de género no debe estar considerada únicamente en la protección de las periodistas. Para la académica Cristina Burneo, los medios feministas y sexodiversos en Ecuador señalan un camino que es muy importante a tomar en cuenta en este debate. “No se trata de tematizar el género de forma gastada, se trata de introducir nuevas formas de comunicación, nuevas narrativas, culturas visuales renovadas, una posición feminista pública desde la comunicación. Eso termina por permear los medios hegemónicos, que deben salir de su autorreferencialidad”, dice. 

Thalíe Ponce, de su parte, argumenta que los medios con enfoque de género tienen usualmente plantillas de colaboradoras con más mujeres y más integrantes de la diversidad y que eso permite entender mejor el acoso y la violencia a la que estamos expuestas y esquivar las malas prácticas periodísticas en las que a veces incurren los medios tradicionales.

La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos destaca que el derecho a la libertad de expresión y la igualdad de género constituyen elementos esenciales de la democracia. “Las mujeres representan la mitad de la población y, por tanto, sin su participación la gobernabilidad democrática se ve seriamente comprometida”. Añade que el concepto de democracia tendrá significado real, profundo y perdurable cuando las decisiones y voluntades políticas tomen en cuenta los intereses y preocupaciones de mujeres y hombres por igual.





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Diana Romero Periodista